Fotos de Semana Santa 2013
Historia, actividades pastorales y misionales, noticias de la vida comunitaria y eclesial
martes, 9 de abril de 2013
GUIÓN DE LA VIGILIA Y SANTA MISA PASCUAL
2013
INTRODUCCIÓN
(Estando el sacerdote en el atrio y encendido el fuego)
Durante todo el día la Iglesia, esposa del Señor muerto y sepultado, ha velado hasta el anochecer de este sábado santo. Nos disponemos ahora a celebrar la Vigilia Pascual que nos introduce en la cumbre del misterio de Jesucristo: su Resurrección gloriosa.
La celebración de esta noche es la máxima expresión de la liturgia cristiana. Comienza en el atrio del templo parroquial con el rito que se denomina LUCERNARIO, en el que se bendice el fuego nuevo de cuyo calor se encenderá el CIRIO PASCUAL DEL AÑO 2013.
Esta noche, tal como afirma nuestra fe, nosotros como Iglesia peregrina, nos uniremos al cielo y a toda la creación para elevar nuestra gozosa alabanza al Señor de la Vida.
Nos disponemos con fe, fervor y amor a participar activamente de esta celebración, que es la más solemnes de las liturgias del año.
(Nos ponemos de pie)
(Despues que se ha hecho la bendición del fuego, y se ha encendido el Cirio Pascual 2013, antes que el sacerdote entre se dice:)
El fuego nuevo es signo de la fuerza de Jesús Resucitado, de su luz y su claridad cada uno de nosotros tomamos con nuestros cirios personales. La luz del Resucitado comenzará a inundar este recinto simbolizando la nueva aurora del domingo de resurrección. Acompañamos en silencio el ingreso del sacerdote que preside la Santa Vigilia.
(llegado al ambón coloca el nuevo cirio, y el sacerdote lo inciensa, luego se dirige a la sede desde dónde preside la celebración, ahí el guión dice:)
El cirio bendecido con su luz centellante queda al lado del ambón, desde dónde en este momento nos es anunciado el gozo de la resurrección con la lectura del PREGÓN PASCUAL. Escuchamos con atención.
(Terminado el pregón el guía dice:)
Es esencial a esta vigilia de Pascua la proclamación de las lecturas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento, escuchemos con atención y respondamos con fuerza a las antífonas de los salmos correspondientes.
Cada lectura tiene su propio salmo, luego el sacerdote en cada ocasión realiza una oración reflexiva en cada caso.
(Después de la cuarta lectura, salmo y oración correspondiente se dice el GLORIA, se encienden las luces del templo, los cirios del altar, y se tocan las campanas adentro y afuera, inmediatamente terminado el Gloria, el sacerdote hace la Oración Colecta común a toda Misa).
Terminada la oración colecta se lee la Epístola de San Pablo a los Romanos, y luego el salmo aleluiático, que se repite hasta que se lee el Evangelio, le sucede la homilía)
(Terminada la homilía sin perder tiempo el guía dice:)
Pasamos ahora a la liturgia de bendición del agua nueva. La fuerza de Jesucristo Resucitado toca todas las cosas, por ello, antes de la bendición el sacerdote entona las letanías de los Santos pidiendo en esta Santa noche bendición y protección.
(Terminadas las letanías de los Santos, el guía dice:)
Ahora el sacerdote en la fuente con agua hace la bendición, esta agua será que durante el año se use en todos los bautismos, y con la que seremos rociados como signo de nuestro nuevo nacimiento en el Señor glorioso y resucitado.
(Terminada la bendición, el guía dice:)
Haremos la profesión de nuestra fe en Cristo y su Iglesia, luego renunciaremos a todo lo que se oponga a su Reino de verdad, vida y amor. Respondamos en voz alta.
(Terminada la profesión de fe y hecha las renuncias, el guía dice:)
Ahora seremos rociados con el agua nueva de la Pascua que Dios no ha permitido celebrar, esto nos recuerda el bautismo por el que hemos sido hechos hijos de Dios , borrado nuestro pecado original y constituidos en rebaño santo del Señor, su Iglesia).
ORACIÓN DE LOS FIELES
1. Señor Jesús que nos has salvado por tu misterio Pascual, condúcenos siempre en el camino de tu luz, oremos…
2. Señor Jesús, que en tu Resurrección nos abres el camino hacia la vida, ayúdanos a vivir en tu presencia, oremos…
3. Señor Jesús, que nos has dejado la Iglesia testimonio de tu
presencia viva, te pedimos por el Papa Francisco, los obispos,
sacerdotes y diáconos, oremos…
4. Señor Jesús, que nos enseñaste que nuestra misión es la solidaridad y la unidad, ayúdanos a construirla cada día, oremos…
5. Señor Jesús, que te muestras vivo y radiante de luz, ayuda a nuestros enfermos, pobres, y necesitados de tu gracia, oremos…
6. Señor Jesús, que desbordas la vida nueva, otorga a nuestros queridos difuntos tu presencia redentora, oremos…
OFERTORIO
Señor siempre te ofrecemos nuestras vidas junto a los dones que nos diste de pan y vino, hoy con más fuerza que nunca te los entregamos para que Tú los consagres en tu Resurrección y los hagas vida nueva para nosotros.
COMUNIÓN
Señor hemos resucitado contigo en esta noche, por eso ahora nos acercamos al banquete de la Eucaristía, con inmensa alegría podemos recibirte cantando.
AVISOS PARROQUIALES
1. Recordamos que los horarios de Misa vespertina es 19 hs. y los domingos a las 10,30 hs. y los bautismos a las 11:30 hs.
2. El domingo próximo, segundo de Pascua honramos a la Divina Misericordia, al finalizar la Santa Misa procesión con la imagen.
3. El sábado 13 de abril tendremos la fiesta de Ntra. Sra. del Valle en la Capilla a las 19 hs. y posterior procesión. No habrá por tanto Misa en la sede parroquial. Recordar los horarios de la novena a Ntra. Sra. del Valle en el programa de Semana Santa.
GUIÓN DE LA SANTA MISA DE JUEVES SANTO DE LA ÚLTIMA CENA DEL SEÑOR 2013
ENTRADA
La Misa de la Cena del Señor se celebra por la tarde noche con la participación de toda la comunidad. Se celebra una Misa festiva moderada, puesto que hoy se conmemora la institución del Sacramento de la Sagrada Comunión, el sacerdocio ministerial y el mandato nuevo del amor.
Hay flores en el altar, pero sobre todo en el monumento dónde al finalizar la Misa se lleva la reserva de la Comunión, la única reserva del Cuerpo del Señor, ante el que hasta mañana a la celebración de la pasión se adora a la presencia real de Cristo en el tabernáculo.
Hoy suenan por última vez las campanas durante el triduo sacro, llaman a Misa y tocan el gloria, signo de una alegría serena de ver al Señor cenando con sus apóstoles, y dispuesto totalmente a la entrega de su vida.
Puestos de pie, recibimos al celebrante cantando…
LECTURAS
Escuchemos ahora el relato más antiguo que se tiene de la sagrada cena hecha por el Apóstol San Pablo, y luego el Evangelio según San Juan que nos narra el lavado de los pies de Jesús a sus amigos. Acompañemos con el corazón estas lecturas.
LAVATORIO DE LOS PIES
Después de la homilía que ha resaltado el triple misterio que se celebra esta noche: Eucaristía, Sacerdocio y mandamiento nuevo del amor, la Iglesia quiere recordar el gesto sublime de servicio humilde de Cristo en el lavatorio de los pies, a un grupo de alumnos del instituto Gral. Manuel Blegrano.
El sacerdote que preside en nombre del Señor la comunidad parroquial, realiza este signo como memoria y a su vez como ejemplo de cómo él mismo y toda la comunidad deben aprender a servir desinteresadamente al hermano.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Respondemos cantando: ¡Escucha Señor la oración de tu pueblo!
1. Por toda la Santa Madre Iglesia que se alimenta del cuerpo del Señor, oremos…
2. Por nuestro amado Santo Padre Francisco, que nos preside en la fe, la esperanza y el amor, oremos…
3. Por los ministros ordenados para que siempre vivan fieles al mandato de dar el pan de la vida, oremos…
4. Por la perseverancia y la santidad de todos los sacerdotes y religiosos llamados por el orden a hacer presente a Cristo en el mundo, oremos…
5. Para que aprendamos a servirnos como Cristo lo hizo durante toda su existencia, oremos…
6. Por todos los hombres del mundo para que busquen el pan de la Vida, oremos…
7. Por el don de la vida humana, para sea siempre respetada en todas sus etapas, oremos…
OFRENDAS
Jesucristo se sirvió del pan y del vino, simples frutos de la tierra y del trabajo humano para quedarse entre nosotros. En esta noche santa dónde recordamos la sagrada cena de Jesús, nosotros también con pan y vino en su nombre nos congregamos para que venga a nosotros.
COMUNIÓN
Hoy comulgamos aquel pan de la última cena, es decir el mismo cuerpo, sangre, alma y divinidad de Jesús que presidió aquel encuentro de amor entre Dios hecho hombre y sus Apóstoles. Acerquémonos a recibir su presencia verdadera y amorosa que alimenta y fortalece.
(Después de la comunión del pueblo, el sacerdote tiene la reserva lista sobre el altar, lo toma entre sus manos con la capa y el paño humeral el guía dice:)
Ahora nuestro cura Párroco, primer administrador del Cuerpo del Señor, toma en sus manos la reserva en el copón, para llevarla procesionalmente al monumento dónde será adorado en silencio. Acompañemos con el canto y con fervor.
(Al llegar el sacerdote ante el monumento coloca el copón en el tabernáculo, y procede a incensarlo, canta el Tamtum Ergo, y se retira en silencio a la sacristía)
Nuestra celebración ha terminado sin bendición, sin canto, y en silencio. Ha comenzado el tiempo del triduo sagrado. El pueblo cristiano en el mundo entero se arrodilla ante la Eucaristía, contempla la soledad de Jesús que es apresado en el Monte de los Olivos, y va ya definitivamente a la condena.
Adoremos al Señor en silencio. Vengamos a visitar al Señor hasta las 00 hs. Mañana toda la mañana y a la tarde hasta las 17 hs. en la celebración de la Pasión y posterior vía crucis.
Mañana recordemos todos de hacer una fructuosa ofrenda en la celebración de la pasión para ayuda a Tierra Santa parroquial. Es un signo del día de ayuno y abstinencia, el fruto de este sacrificio se debe traducir en una actitud generos.
La celebración de la Pasión a las 17 hs. y a las 20hs el Vía Crucis
lunes, 25 de marzo de 2013
Palabras de Mons. Rovai en el domingo de Ramos
El obispo emérito de la Diócesis local afirmó ayer en su homilía que "la cruz no está reñida con la alegría".
Al presidir la Misa de Bendición de Ramos, José Angel Rovai, actual administrador diocesano, admitió que "es difícil explicar el amor, porque sobre todo, al amor se lo vive", y puso como ejemplo a Jesús, "que murió en la cruz por amor al Padre y a nosotros".
"La cruz vivida con amor nos da alegría y esperanza", expresó el religioso en la Catedral Santuario, que lucía colmada de público.
Momentos antes, Rovai había bendecido los ramos de olivo a los fieles que formaron un gran semicírculo en la plaza San Martín, frente al templo católico mayor de la ciudad.
La celebración del Domingo de Ramos comienza con la bendición de las palmas y ramas de olivo, evocando la entrada de Jesús a Jerusalén, dando así comienzo a la conocida como Semana Santa.
Luego, en Procesión, los fieles ingresaron a la Catedral, dando comienzo a la misa dominical de la hora once. En el oficio colaboraron entre otros el abogado Martín Gill y los locutores Ariel Grande y Miguel Borsatto.
Rovai, en su alocución, hizo una breve mención al Papa Francisco, destacando la emoción de la gente al saludar al nuevo jefe de la Iglesia Católica, y rescató frases de Ignacio de Loyola y el cura Brochero. En cambio, no hizo ninguna referencia al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que recuerda a las víctimas del golpe de Estado de 1976, y que se conmemoró ayer en todo el país.
Al presidir la Misa de Bendición de Ramos, José Angel Rovai, actual administrador diocesano, admitió que "es difícil explicar el amor, porque sobre todo, al amor se lo vive", y puso como ejemplo a Jesús, "que murió en la cruz por amor al Padre y a nosotros".
"La cruz vivida con amor nos da alegría y esperanza", expresó el religioso en la Catedral Santuario, que lucía colmada de público.
Momentos antes, Rovai había bendecido los ramos de olivo a los fieles que formaron un gran semicírculo en la plaza San Martín, frente al templo católico mayor de la ciudad.
La celebración del Domingo de Ramos comienza con la bendición de las palmas y ramas de olivo, evocando la entrada de Jesús a Jerusalén, dando así comienzo a la conocida como Semana Santa.
Luego, en Procesión, los fieles ingresaron a la Catedral, dando comienzo a la misa dominical de la hora once. En el oficio colaboraron entre otros el abogado Martín Gill y los locutores Ariel Grande y Miguel Borsatto.
Rovai, en su alocución, hizo una breve mención al Papa Francisco, destacando la emoción de la gente al saludar al nuevo jefe de la Iglesia Católica, y rescató frases de Ignacio de Loyola y el cura Brochero. En cambio, no hizo ninguna referencia al Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia que recuerda a las víctimas del golpe de Estado de 1976, y que se conmemoró ayer en todo el país.
martes, 19 de marzo de 2013
Misa de inaguración del Pontificado de Francisco, su homilía
Queridos hermanos y hermanas
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas.
Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: “Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo” (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor.
Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu.
Y José es “custodio” porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.
Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón.
Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres.
Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen “Herodes” que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.
Pero, para “custodiar”, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.
Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que “apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza” (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza.
También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.
Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas.
Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer” (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: “Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo” (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor.
Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu.
Y José es “custodio” porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas.
En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.
Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón.
Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres.
Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen “Herodes” que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos “custodios” de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro.
Pero, para “custodiar”, también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.
Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que “apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza” (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza.
También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.
Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.
sábado, 16 de marzo de 2013
¡Agradecido a todos!
Elena Carpené Mariscotti de Delfino
Ramón.J. Cárcano, 2.I.1928 – †Pozo del Molle, 10.III.2013
Con ocasión de la partida a la eternidad con Cristo Resucitado de mi madre, agradezco de todo corazón al Hogar “Madre Teresa de Calcuta” de La Playosa, a Silvia y Nino de la Residencia “Ntra. Sra. del Valle” de Pozo del Molle, quienes con gran cariño me ayudaron a cuidar sus últimos años de vida, a Dora Jaime, Idelsa Mauro, y a todos con quienes conté siempre para cumplir mis deberes de hijo y cristiano.
Gracias al Sr. Administrador diocesano Mons. Rovai, colegas sacerdotes, familiares, personal y alumnos del Instituto “Gral. Manuel Belgrano” de Pozo del Molle y amigos en general que me acompañaron en tan difícil momento.
¡Descanse Elena en Jesucristo!
viernes, 15 de marzo de 2013
Semana Santa 2013 en nuestra parroquia de Pozo del Molle
Semana Santa
Parroquia “Inmaculado Corazón de María”
Pozo del Molle 2013
Año Universal de la FE
Viernes 22 de marzo “Santa María junto a la Cruz”
19:15 Santo Vía Crucis
20:00 Santa Misa
Sábado 23 de marzo Vísperas de domingo de Ramos
19:00 hs. Confesiones
20:00 hs. Santa Misa de bendición de Ramos
Domingo 24 de marzo DOMINGO DE RAMOS
09:00 hs. Confesiones
10:00 hs. Solemne Misa de bendición de Ramos
19:00 hs. Confesiones
20:00 hs. Misa Capilla del Valle con bendición de ramos
Lunes Santo y Martes Santo
10:00 a 12:00 hs. Confesiones
19:00 Confesiones
20 hs. Santa Misa
19:15 Santo Vía Crucis
20:00 Santa Misa
Miércoles Santo
Proyección de película para los niños en la parroquia
19:00 Misa Crismal en Villa María
Jueves Santo de la Cena del Señor
18:00 hs. Confesiones
20:00 hs. Santa Misa de la Cena del Señor
Lavatorio de los pies
Adoración en el monumento hasta las 00:00 hs.
Noche heroica de jóvenes (Instituto)
Viernes Santo de la Pasión del Señor (ayuno y abstinencia)
10:00 a 12:00 hs. Confesiones
17:00 hs. Celebración de la Pasión del Señor
Adoración de la Santa Cruz
20:00 hs. Santo Vía Crucis (con linternas)
Sábado Santo de Vigilia de Pascua
20:00 hs. Solemne Misa de Resurrección
Bendición de cirios con el fuego nuevo
Bendición del agua nueva
Domingo de Pascua de Resurrección del Señor
10:00 hs. Solemne Misa de Pascua 2013
11:00 hs. Bautismos
20:00 hs. Misa de Pascua en el Cristo Redentor
DOMINGO 7 DE ABRIL
10:00 hs. Misa en la Solemnidad de Jesús de la Divina Misericordia
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL VALLE
Del 4 al 12 de abril en la Capilla del Valle
Santo Rosario 18:00 hs.
Santa Misa 19:00 hs.
SÁBADO 13 Fiesta de Ntra. Sra. del Valle
Santa Misa en Capilla a las 19 hs. y posterior procesión
Hermanos: Aprovechar bien este tiempo de gracia que es la Semana Santa con profundo sentido de fe, haciendo una buena confesión, participando de las celebraciones litúrgicas que enriquece nuestra vida cristiana en el año en que toda la Iglesia quiere renovar su confianza en el Señor muerto y resucitado. Como comunidad cristiana insertos en la Iglesia diocesana y universal, hacemos este camino, sabiendo que el Señor ha vencido el mal y la muerte. A todos deseo de corazón ¡Felices Pascuas de Resurrección!
P. José María
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